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1. LA CIUDAD DE SAN SALVADOR DE JUJUY

Conocida como "La Tacita de Plata", La ciudad se halla rodeada por montañas en el triángulo que forman los altos herbosos de Nieva y los ríos Xibi-Xibi y Grande. Desde este lugar comienza a perfilarse la quebrada de Humahuaca, camino natural de ascenso a la Puna, con sus tierras de cambiantes tonalidades que van desde el azul al rojo.

Sus edificios modernos se alternan con otros de estilo colonial. Cuenta con una moderna infraestructura receptiva, con confortables hoteles, restaurantes, confiterías. Su centro comercial es muy activo y en él se pueden adquirir de hilados de llamita y merino, así como numerosos artículos regionales. Una recorrida por sus barrios permite conocer de cerca las costumbres y ambientes, sus calles desparejas, sus viejas casonas con ventanas enrejadas y floridos patios. En ocasión de la festividades religiosas, los lugareños bajan de los cerros, conformando las procesiones, en cuyo transcurso interpretan música en instrumentos típicos de la zona.

 

 

También son tradicionales entre otras, la Manca Fiesta, en La Quiaca y El Toreo de la Vincha en Casabindo. En oportunidad de las Fiestas Navideñas se ven los típicos pesebres, cantos de villancicos, la antigua Danza de las cintas o del Trence y Destrence que realizan grupos de niños, todas ellas, expresiones de viva significación y colorido. Por su parte, alcanza singular brillo la Fiesta Nacional Latinoamericana de los Estudiantes del 17 al 23 de septiembre. A partir del 23 de agosto se lleva a cabo la semana del éxodo, evocación de este hecho ocurrido durante la guerra de la Independencia, cuando el pueblo jujeño acompañó en sus retirada al General Belgrano dejando sólo tierra arrasada a los realistas el 28 de julio de 1812.


2. LA QUEBRADA DE HUMAHUACA . Declarada patrimonio cultural y natural de la humanidad por la UNESCO

Situación geográfica y producción histórica
La Quebrada de Humahuaca es un sistema patrimonial de características únicas. Es el resultado de la interacción continua entre un sistema geoecológico altamente representativo de la región andina sudamericana y las sucesivas sociedades y culturas que se asentaron en ella durante los últimos diez mil años, con una continuidad espacio-temporal difícil de encontrar en otras áreas de los Andes. El paisaje natural de unos 155 km está integrado por un gran valle andino ubicado entre los 2000 y los 3500 m de altura, un conjunto de valles transversales y áreas de laderas montañosas que llegan hasta una línea de grandes cerros con nieves permanentes. La actual población de la Quebrada de Humahuaca, étnicamente coya, practica un conjunto de pautas culturales que son el producto de las antiguas culturas indígenas que pervivieron con ricas transformaciones producto de su contacto con el mundo español y el moderno. Creencias y ritos, fiestas religiosas y profanas, música, artes culinarias, artesanías, estilos y técnicas constructivas, tecnologías agrícolas y otros conocimientos indígenas constituyen los principales aspectos de este patrimonio cultural vivo que contiene importantísimos componentes intangibles.

La quebrada de humahuaca como ruta cultural
La Quebrada de Humahuaca no sólo constituye un ejemplo altamente representativo de las áreas de valles andinos, sino que además posee el excepcional carácter de sistema de rutas de vinculación física y articulación económica, social y cultural. Esta condición también se fue construyendo históricamente desde los primeros poblamientos humanos del continente. Aún hoy estos antiguos caminos siguen siendo utilizados por las poblaciones actuales para sus prácticas comerciales, para realizar visitas y trámites de toda índole, reemplazando -aunque no totalmente- a los animales de carga por vehículos automotores. Una línea de trece pucarás -asentamientos indígenas de ubicación estratégica en pequeñas lomadas- se fue instalando a lo largo de la Quebrada de Humahuaca hace alrededor de unos mil años, configurando uno de los conjuntos más notables del mundo andino por su notoria visibilidad. Hace unos seis siglos, la Quebrada de Humahuaca fue recorrida por los ejércitos incas que lograron incorporarla a su Imperio, convirtiéndola en camino para las materias primas cuya producción reorganizaron y en lugar de paso para contingentes que iban a trabajar en la extracción de minerales. Se convirtió así en el epicentro de la circulación de las noticias y los viajes de tropas y funcionarios necesarios para el mantenimiento de la cohesión política y administrativa del vasto Imperio.

La Quebrada de Humahuaca constituyó luego el camino privilegiado para la penetración de las tropas conquistadoras y colonizadoras españolas en los siglos XVI y XVII, que llegadas desde el Perú fundaron el sistema de principales ciudades del noroeste argentino.

Los componentes patrimoniales
El proceso de conformación histórica de la Quebrada ha dejado un conjunto muy numeroso de testimonios de valor patrimonial que ilustran un período significativo de la historia humana y que está conformado por un patrimonio natural (geología y bioecología), cultural (arqueología, arquitectura y urbanismo, tecnología indígena y campesina) y un rico patrimonio intangible. En las distintas localidades de la Quebrada existen museos y sitios con carácter patrimonial acondicionados para ser visitados. También una serie de monumentos históricos nacionales, seis edificios religiosos y cuatro yacimientos arqueológicos que muestran la historia, el arte, las costumbres, las características naturales, etcétera.

Con la Quebrada de Humahuaca suman cuatro los sitios argentinos que son Patrimonio Cultural de la Humanidad junto a la Manzana Jesuítica en la categoría de Bienes Culturales en el centro histórico de Córdoba, que incluye la zona conocida como Camino de las Estancias; la Cueva de las Manos en la provincia de Santa Cruz y las Misiones Jesuíticas del nordeste argentino. Además la Argentina cuenta con cinco sitios declarados Patrimonio Natural de la Humanidad: el Parque Nacional de Ichigualasto, más conocido como el Valle de la Luna, en la provincia de San Juan; el parque de Talampaya, en el sur de La Rioja; el Parque Nacional Los Glaciares en la provincia de Santa Cruz, las Cataratas del Iguazú y la Península de Valdés.

Declarada por la UNESCO en 2003 patrimonio cultural y natural de la humanidad
En la XXVII Reunión Anual del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO que se llevó a cabo en la ciudad de París, la República Argentina, presentó la Quebrada de Humahuaca como paisaje cultural. La Quebrada es un tramo de un itinerario, el camino del Inca, que abarca a otros países de la región y que va desde la provincia de Córdoba al Alto Perú. Ahora este punto geográfico nacional fue incluido en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Esta declaración permite a la región acceder a diversos logros económicos, culturales y sociales de carácter nacional e internacional. Se pueden obtener subsidios adicionales de entes financieros internacionales. Y se genera una mirada inclusiva que promueve la valoración de la Quebrada de Humahuaca como paisaje cultural en su conjunto, pudiendo establecer un orden de prioridades para su mantenimiento y desarrollar proyectos para que su riqueza múltiple se manifieste en beneficio de toda la sociedad.


3. El Carnaval Jujeño: Fiesta pagana en Humahuaca, Maimará y demás pueblos de la Quebrada

El pueblo jujeño, es entusiasta de un carnaval que presenta singulares matices autóctonos. Cuesta creer que una celebración de origen pagano, que cobró auge en la Europa medieval, se haya extendido por casi todos los pueblos de la Quebrada de Humahuaca y se continúe celebrando todavía en el siglo XXI, mezclándose con rituales pre-hispánicos como el culto a la Pachamama (la "Madre Tierra", según la cosmovisión indígena). Son nueve días de fiesta callejera con gente disfrazada que baila al ritmo del erquencho, el charango, los sikus y los bombos.

Desde hace muchas décadas, el carnaval del pueblo jujeño (especialmente en Humahuaca) es el más popular de todo el norte argentino. Su preludio es el Jueves de Topamiento de Comadres, cuando las comadres se visitan, intercambian regalos y crean nuevas relaciones de comadrazgo, uno de los vínculos más sagrados que une a distintas familias lugareñas. El jueves siguiente ocurre el Festival de la Chicha (bebida alcohólica de origen incaico), cuando un jurado elige la mejor bebida preparada por familias de gran tradición chichera.

La gran fiesta comienza el sábado anterior al fin de semana de carnaval. Por la mañana todas las comparsas confluyen para asistir a una misa callejera. Luego se dirigen a distintos puntos en la ladera de los cerros lindantes, donde se encuentra una "apacheta" (amontonamiento de piedras que forman un pequeño mojón), junto a la cual está enterrado el "pusllay". Toda la celebración ronda alrededor de este diablito de trapo que con el correr de los días va pasando de mano en mano y es arrojado al aire en medio de gritos de euforia.

En el cerro se realiza un asado comunitario y se le da de comer a la Pachamama, a través de un hoyo cavado en la tierra. Allí dentro, la gente coloca alimentos, hojas de coca, cigarrillos, y vierte chicha y cerveza. De esta forma, los mismos que dos horas antes asistían a una misa católica, le agradecen ahora las buenas cosechas a la Madre Tierra.

Pero a al caer la tarde todo cambia de repente: se desentierra al "pusllay", suenan tres explosiones, y oficialmente se abren las puertas para que el diablo salga a divertirse. De inmediato aparecen por todos lados los disfrazados de diablo y comienza el alboroto. Al desentierro asisten miles de personas, que luego bajan por el cerro bailando en doble fila al típico "saltadito" del carnavalito jujeño. Se dirigen a dar la "vuelta al mundo" (al pueblo) en medio de un ruido ensordecedor con música de charangos, trompetas, erquenchos y bombos.

EL DIABLO SALE A LA CALLE
Entre las callejuelas, con antiguos faroles de hierro y pisos adoquinados o de tierra, transitan mujeres con la indumentaria coya tradicional: sombrero ovejón, coloridos pompones, una manta para sostener a la "guagüita" sobre la espalda, y ojotas de cuero crudo. Las que eligen disfrazarse lo hacen de gitanas, y sufren las persecuciones de los diablos, impulsados "por diabólicas" intenciones.

El anonimato que le otorgan las mascaras de diablo a los hombres -que incluso hablan con voz muy aguda para que no se los reconozca- cambia totalmente la personalidad del jujeño: "son gente calladita, tímida; pero en carnaval se sueltan, y bajo el escudo del disfraz se atreven a declararle su amor a una mujer".

En lugar de agua, se tira talco -nunca en los ojos. Todas las prendas quedan de color blanco. Las bandas de sikuris andan a la deriva por las calles, y la mayoría de la gente porta sobre el sombrero o en las solapas alguna ramita de albahaca (se la considera afrodisíaca), cuya fragancia es el perfume del carnaval.

 

COSTUMBRES FESTIVAS
A partir del primer sábado de celebración, la rutina es prácticamente la misma durante nueve días. A las 11 de la mañana comienza todo con una gran comilona en la sede de cada comparsa. Entonces salen a la calle y van recibiendo sucesivas invitaciones de los vecinos del pueblo y otras comparsas, que son la excusa para juntarse a beber y bailar.

Las comparsas desfilan todo el tiempo de un punto a otro del pueblo, y por la noche cada una confluye en su correspondiente "fortín", la sede donde realizan su fiesta nocturna. Se cobra una entrada muy barata y se presentan grupos de cuarteto cordobés, cumbia, sayas bolivianas y zambas. La fiesta termina después de las 6 de la madrugada, y luego de un sueño de dos o tres horas todos salen a la calle otra vez. El estado de euforia producido por la chicha, las hojas de coca y el baile, prolonga la resistencia del cuerpo hasta límites sorprendentes.

Aquí no se va a mirar -como en el Sambódromo de Río de Janeiro- sino que la gracia está en participar activamente de las comparsas. Aquí no hay escenarios sino que el pueblo se reúne en la calle, disfrutando de la única posibilidad de gran diversión que hay en el año.

EL HONOR DE SER FUSILADO
Para disfrutar de este carnaval hay que meterse de lleno en él. Una manera de comprobar hasta qué punto uno puede involucrarse es intentando que lo fusilen. En Jujuy, cuando alguien invita a un amigo a su casa para fusilarlo está concediéndole un privilegio. En un cuarto se disponen varias mesas con unos quince tragos distintos, colocados en hilera. El invitado debe ir tomando una copita de cada uno a medida que va recorriendo la improvisada barra. La artillería no es por cierto liviana: whisky, gancia, fernet, vino, chicha, cerveza... Se sigue una especie de recorrido alcohólico -hay que entrar por una puerta y salir por otra-, donde los invitados van desfilando en estricto orden y con rapidez.

Al salir se les pinta la letra inicial de la comparsa con lápiz labial, en la frente. Esto significa que uno ha pasado el bautismo de fuego, y oficialmente fue aceptado como integrante de la comparsa. Un viajero también puede ser fusilado, pero tendrá que ganarse ese derecho participando activamente de los festejos.

EL ENTIERRO
En el domingo de carnaval la efervescencia de la fiesta parece llegar a su cenit. Sin embargo, luego de nueve días de bailar y tomar, todo se interrumpe abruptamente. Ha llegado el momento más triste, cuando las comparsas se dirigen a sus mojones en los faldeos del cerro para enterrar al "pusllay", que debe regresar al centro de la Tierra.

Cuando oscurece, se enciende una gran fogata junto a la "apacheta", y los diablos comienzan a llorar desconsoladamente -tras las máscaras las lágrimas delatan que la cosa no es teatro-. En algunos casos, el "pusllay" es enterrado, mientras que otras comparsas lo lanzan al fuego o lo hacen explotar con un cohete. Ese estruendo marca el final de la celebración, y automáticamente los diablos se quitan los trajes y todo el mundo desciende del cerro, abatido por una infinita congoja. Son muchos los que lloran abiertamente porque el carnaval se ha esfumado, y junto con éste la licencia para el goce desenfrenado, que habrá de hacerse esperar un año entero.

¿Cómo se explica tanto dolor, cuando una hora antes todos parecían deleitarse con la gracia de la felicidad absoluta? Hay que tener en cuenta que los familiares de mucha gente, llegados desde las lejanías de la Puna, se irán en breve para no volver hasta el año próximo. Para Fortunato Ramos –músico humahuaqueño-, "esta fiesta ofrece una salida al extremo sufrimiento de todo el año".

Muchos se reservan los ahorros anuales para disfrutarlos de una sola vez en carnaval. También se crean parejas cuyo idilio, por decisión mutua, dura apenas los nueve días de carnaval. Aunque a veces dejan secuelas: en algunos pueblos, en los meses de octubre y noviembre aumenta notoriamente el número de nacimientos de niños que, a falta de paternidad conocida, son conocidos como “hijos del Carnaval”.

Los jóvenes se quejan de que en sus pueblos nunca pasa nada, no hay diversión ni lugares a dónde ir.

Es por eso que durante el carnaval se sueltan las riendas del desenfreno y nadie quiere perderse un solo instante del acontecimiento del año cuando, literalmente, se detiene el mundo.

(Sobre la base de un texto de Julián Varsavsky)

 

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